Del pavimento al jardín gigante

Por: Lilia Zavalza Zambrano

Ecatepec, Méx.- Sus padres son guanajuatenses… él es un orgulloso chilango y mexiquense. Llegó a Ecatepec de Morelos en 1963 cuando sus padres deciden hacerse de una casa propia para vivir con sus ocho hijos.

Parte de su infancia la recuerda en  la colonia Morelos del Distrito Federal. Una zona que se dio a conocer por la bravura de su gente.

Atrás quedaron las calles pavimentadas, el drenaje y el alumbrado público.  La colonia Urbana Ixhuatepec carecía de todos los servicios, “lo único que había era la carretera federal México-Pachuca”.

“Yo me la pasé muy a gusto porque para mí era una aventura andar en el cerro, en el bosque, todo muy deshabitado y era un jardín gigante para mí… en la época de lluvia se hacían algunas lagunas, algunos arroyos y nosotros jugábamos ahí”, recuerda Vicente Coss Tirado.

Cerca del cerro “La Cantera” durante las lluvias se formaba una laguna que usaban como alberca.

“Era un mundo nuevo para mí, muy bonito y natural, y mis amigos, de la hacienda del Risco, frente a la colonia Urbana Ixhuatepec,  tenían caballos y nos invitaban a montar un poco, entonces yo estaba en mi elemento ideal… aunque extrañaba el pavimento”

La primaria la cursó en el Distrito Federal, por lo que todos los días recorría varios kilómetros para tomar clases. De esa época recuerda un viaje en especial.

“Nosotros íbamos a la escuela Abraham Castellanos, que está en Plaza del Carmen, en el centro de la ciudad, y en una ocasión nos llevaron de paseo a las pirámides de Teotihuacán, y yo me sentía muy especial porque era el único niño que se iba a bajar en el kilómetro 12… todos mis compañeros se quedaron admirados de que vivía tan lejos de la escuela. De lo que ahora es la autopista a Pachuca a la casa era un tramo como de 500 metros, pero comenzó a llover, y llegué todo empapado a la casa”.

En cuanto a las tareas del hogar, todos los días iba en bicicleta a comprar el pan a la colonia Altavilla, en donde instalaron una panadería que era la sensación por ser uno de los establecimientos más bonitos de la zona.

De la secundaria recuerda el miedo que sentía al cruzar las vías del ferrocarril para llegar a la escuela. Esto se debía a que tenía que cruzar por debajo de los vagones o entre las uniones, con el riesgo de que en cualquier momento arrancara y ocasionara algún accidente.

Otra etapa complicada fue durante la construcción de la autopista a Pachuca, porque con la gran cantidad de maquinaria había accidentes y atropellamientos.

Coss Tirado recuerda esos años como experiencias que le han servido en su vida, que comparte con sus amigos de la infancia al revivir sus hazañas.

El bachillerato lo cursó en la Escuela Nacional Preparatoria 9 “Pedro de Alba”, en Insurgentes norte, colonia Lindavista.

Durante esta etapa practicó lucha olímpica, incluso, hasta el primer año de la licenciatura en Administración se dedicó a ella, pero por falta de tiempo ya no pudo continuar con ese deporte.

Otra actividad que lo atraparía fue la Charreada, y es que cuando sus papás fueron electos en la alcaldía de Ecatepec, su mamá estuvo al frente del DIF, cuando las oficinas estaban en la calle de Morelos, en el centro del municipio, y organizó una charreada.

Al venir de una familia en la que la charrería era parte de su formación, no tuvo problema alguno; sus suertes preferidas eran el coleadero  y los piales.

“El secreto de saber montar es la postura, tiene que estar uno exactamente en el centro de equilibrio del caballo con uno, es decir, la columna de uno debe dar con la columna del caballo”.

Con esto se logra tener una postura recta, de las rodillas hacía abajo la pierna debe ir suelta, el pecho debe erguido y la rienda con la mano izquierda.

“El accidente más fuerte que tuve fue en el lienzo charro de Tizayuca… reparando el toro me pegó con la pata en la cara, me desmayó y me tiró medio diente”.

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